¿PodrÃa un astronauta sobrevivir en el vacÃo?
Existe una escena muy conocida en la pelÃcula “2001. Una Odisea Espacial”, en la que el astronauta Dave Bowman se ve obligado a entrar desde una capsula de exploración a la nave espacial Discovery sin llevar puesto el casco de su traje espacial. ¿Es esta escena realista? ¿PodrÃa sobrevivir el astronauta o significarÃa esto la muerte inmediata del mismo? La respuesta es afirmativa: aunque una exposición al vacÃo resultarÃa letal en poco tiempo, un astronauta que se viese en esta dramática situación no sufrirÃa un daño inmediato y podrÃa sobrevivir un tiempo muy limitado sin la protección del traje espacial.
Una paseo espacial desafortunado
 Supongamos que durante una salida extravehicular -lo que comunmente se conoce como “paseo espacial”- un astronauta pierde instantáneamente su casco o sufre un problema en su traje espacial que le hace perder su limitada atmósfera respirable. En una exposición al vacÃo contarÃamos con poco tiempo para buscar una solución el problema: un ser humano permanecerÃa consciente entre unos 9 y 11 segundos, tiempo muy escaso para hallar una solución al grave problema. Una vez trascurrido este tiempo, nuestro astronauta sufrirÃa convulsiones seguidas por una parálisis. Mientras todo esto sucede, se formarÃa rápidamente vapor de agua en los tejidos finos del cuerpo y en la sangre de las venas, produciéndose un hinchamiento del cuerpo, lo cual sólo podrÃa evitarse en parte con una ropa elástica que produjese una presión para contrarrestar dicho hinchamiento.
 La falta de una atmósfera respirable unida a los efectos iniciales antes descritos producirÃan una interrupción de la circulación sanguinea. El gas y vapor de agua presentes en el cuerpo tenderÃan a ir fluyendo hacia el exterior a través de las vÃas aereas, mientras que el cuerpo del astronauta comenzarÃa a disminuir rápidamente de temperatura, precisamente a causa de las temperaturas propias del espacio. Aunque nuestro hipotético astronauta ya habrÃa perdido la consciencia, su cuerpo podrÃa sobrevivir unos 90 segundos como máximo en estas condiciones antes de morir.
 Aunque en algunas pelÃculas de ciencia ficción -e incluso en la literatura- se considera que la sangre de la persona expuesta al vacÃo hervirÃa y el cuerpo acabarÃa estallando, pero en realidad esto no es cierto. En primer lugar, la sangre no hervirÃa porque la elasticidad de los vasos sanguineos la mantendrÃa a una presión tal que, a la temperatura a la que se halla el cuerpo, ésta permanecerÃa por debajo del punto de ebullición. Curiosamente, uno de los fluÃdos corporales que sà hervirÃa serÃa la saliva de la boca del astronauta, pues ésta se hallarÃa expuesta directamente al vacÃo exterior. Por otra parte y relativo a la desagradable pregunta de si el cuerpo del astronauta estallarÃa, la respuesta es que esto no tendrÃa lugar, pues la piel es lo suficientemente resistente como mantener y contener el cuerpo, de tal forma que al menos permanecerÃamos como una pieza en el vacÃo.
¿Y si pudiésemos sobrevivir? ¿Alguien lo ha hecho?
 Aunque sólo se hallarÃa consciente durante unos 10 segundos, un ser humano expuesto de golpe al vacÃo podrÃa llegar a sobrevivir a la experiencia si vuelve a las condiciones normales de presión atmosférica y temperatura en un plazo máximo de entre 60 y 90 segundos. Posiblemente sufrirÃa problemas neurológicos, ceguera u otros problemas de visión, los cuales rápidamente acabarÃan desapareciendo. Es necesario decir, de todas formas, que estos datos son una generalización y que cada caso puede conllevar consecuencias muy diferentes.
 Existen varios casos registrados de exposiciones al vacÃo, parciales y totales. El caso más conocido fue el que sufrió el piloto Joseph Kittinger el 16 de agosto de 1960, durante el ascenso en su globo a 31000 metros de altitud. Durante la misión, el tripulante perdió la presurización en el guante de su mano derecha. En un alarde de valor, éste decidió continuar su misión, mientras sufrÃa fuertes dolores en la mano, quedando ésta inutilizada. No obstante, una vez descendió a una altura inferior lanzándose en paracaÃdas, la mano retornó a su estado normal sin mayores consecuencias.
 Otro caso tuvo lugar en uno de los centros de la NASA, en 1966, cuando un técnico del Johnson Space Center sufrió una descompresión debido a un accidente con un traje espacial en el transcurso de un test de vacÃo, perdiendo las consciencia en unos 14 segundos -más o menos el tiempo que tarda la sangre empobrecida en oxÃgeno en llegar desde los pulmones al cerebro. 30 segundos después se pudo restituir la presión atmosférica normal, recuperando la consciencia y sin sufrir daño aparente. El técnico recordaba que podÃa oir como se escapaba el aire y su último recuerdo antes de quedar inconsciente fue sentir que el agua de su lengua comenzaba a hervir. De todos modos, de esta información no se puede deducir que la exposición al vacÃo no resulte peligrosa, pues han ocurrido varios accidentes de este tipo que ha implicado la muerte del sujeto expuesto.
 Existe un caso documentado en el transcurso de una misión espacial, durante el vuelo del transbordador espacial Atlantis (STS-37, en abril de 1991): uno de los guantes de un astronauta presentaba un defecto en el alojamiento de la palma de su mano, con lo cual se produjo un pequeño agujero milimétrico entre sus dedos pulgar e Ãndice. Durante un paseo espacial se hizo un pequeño vacÃo en parte del guante, pero el astronauta no llegó a ser consciente del problema. De hecho, éste no se darÃa cuenta de la situación hasta retornar al interior del transbordador espacial y ver que tenÃa en la palma de su mano una pequeña marca roja, un tanto dolorosa. La casualidad habÃa hecho que el astronauta sangrase ligeramente por la mano, sellandose la pequeña abertura existente en el guante con unas pocas gotas de sangre.
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