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16th

Ofuscados en describir una realidad desconocida .

Archivado bajo Idiotas adorables | Publicado por admin

persefoneAhora soy incapaz de recordar el nombre del libro, la edición, o cualquier dato que haga referencia a unas páginas que leí de pequeña acerca del mito griego que explicaba la primavera en términos de leyenda. Desde luego, no era un libro de Ovidio, ni de Homero y mucho menos de Hesíodo. Las tres cuartas partes de cada página se ocupaban con ilustraciones de gran colorido que mostraban a una Deméter acongojada por el rapto de su hija Perséfone, y cómo la tierra había dejado de dar frutos debido al enfado de la diosa. Si alguno ha leído a Robert Graves o a cualquiera de los antiguos, sabrá de qué hablo. También es posible aprender mitología griega viendo Matrix, no sé si os habéis dado cuenta.

El caso es que, si una se acerca aunque sólo sea un poquito a la concepción del mundo en la antigua Grecia, termina cogiéndole un cariño sin fin a aquellos que adoraban a las doce divinidades que habitaban el Olimpo y todas las historias que ellos utilizaban para explicar el mundo. De alguna manera, recuerdan los intentos de algunas personas de dar un sentido a lo que no conocen con la ayuda de herramientas primitivas o las interpretaciones infantiles de la realidad: eso sí, con mucha más magia y atractivo.

Para comenzar, los griegos dotaron a sus dioses de temperamentos caprichosos y pasionales, a imagen y semejanza de los hombres. Esto, además de resultar curioso, es de una eficacia impactante, ya que la religión debía de ser divertidísima para la población, y de esta manera, sus preceptos ahondarían aún más en la formación del carácter de los futuros ciudadanos griegos. Me imagino cómo sería un programa de cotilleos de la época y sus titulares: “Infidelidad en el Olimpo: ¿soportará Hera una más de las escapadas de Zeus?” Y los niños en la escuela, en vez de empujarse en el recreo por Raúl o por Ronaldinho, discutirían quién dispone de las mejores cualidades, si Ares o Apolo. Estoy convencida de que las armas persuasivas griegas fueron mucho más sanas y mucho más potentes incluso que el férreo y radical cristianismo del Románico.

 

Cuando tienes seis años, al menos según mi experiencia, la religión cristiana y sus creaciones de ficción pueden parecer entretenidas según en el episodio en el que te detengas. Sin embargo, en general, la historia de un hombre que ponía todo el rato la segunda mejilla y que andaba sobre las aguas no atrapa del todo la atención de un niño de primaria: eso, sin hablar del episodio en que al protagonista de las aventuras narradas en la Biblia le colocan una corona de espinas, le azotan y le clavan en una cruz hasta su muerte, con su madre y una prostituta arrodilladas a sus pies.

 

Los griegos, por el contrario, son grandes narradores y han sido grandes propagandistas, a los hechos me remito: ¿Quién no sabe lo que es un tritón? ¿Es posible que alguna persona no conozca a Afrodita? ¿Hay en la faz de Occidente alguien que no haya soñado alguna vez con Poseidón azotando con su tridente los caballos blancos de las olas del mar adriático, mientras una náyade le unta una tostada de cremoso queso a las finas hierbas?

 

El hecho es que los primeros pensadores de cuyas ideas y conceptos somos deudores, entre muchos otros, los fundadores de una de las culturas básicas sobre las que se asienta nuestro pensamiento, lo tenían muy claro: el mundo es un lugar dominado por pasiones en el que cualquier ser se supedita a su mortalidad y al tiempo. No es casualidad que Cronos fuera desterrado por sus hijos Zeus, Poseidón y Hades para que ellos pudieran reinar sin trabas en el Olimpo. Y tampoco lo es que las tres parcas fueran el mayor temor de todos los omnipotentes dioses, debido al desconocimiento habitual de sus designios.

Incluso, si seguimos el desarrollo de los acontecimientos allá arriba, a través de los escritos sucesivos llevados a cabo por mortales de nombre perenne, observaremos cómo, con la aparición de una nueva deidad, se nos aportan pistas de la verdad de la historia de la civilización griega y sus comunicaciones: Dionisos, hijo de Zeus y de la mortal Semele, tuvo el detalle de inventar el vino, y, debido a ello, hizo patente la necesidad de que se le nombrara dios (¿acaso no lo haríamos ahora?). Para ello, y en virtud de no permitir que los altos mandatarios del universo sumaran todos ellos trece, Hestia, diosa del hogar, le cedió amablemente su puesto. El embriagador Dionisos traía consigo un elemento novedoso, producto de sus numerosos viajes sobre soldados ebrios: su símbolo, un tigre, provenía de un lugar exótico y desconocido hasta poco antes de la irrupción del dios; de las lejanas tierras de la India.

Nos damos cuenta, pues, de cómo el ser humano, siguiendo los postulados de Platón, el célebre académico griego, es incapaz de crear o de inferir ideas de la nada: primero han de existir en su realidad. El símbolo de Deméter no era una orquídea ni una magnolia, sino una amapola. Naturalmente, en el siglo VIII antes de nuestra era cristiana, nadie podía imaginar cómo era una patata y tenían total desconocimiento de la existencia de un pájaro de color rosa y largas y finas patas que, a la orilla de las marismas solía descansar apoyado en una sola pata: así, Hefesto, cojo desde que su padre, Zeus, le lanzara contra la pared al nacer, tuvo que elegir una garza como su representación en el mundo humano.

Por tanto, los creadores de nuestros esquemas mentales tenían como limitación el desconocimiento de infinitas realidades que ahora creemos ya descubiertas, y es sumamente interesante ver cómo incorporan a su idiosincrasia, supuestamente eterna e inalterable, elementos recién llegados a su pensamiento, provenientes de otras culturas. Y sin embargo, hoy en día, en un siglo dominado por la ingente cantidad de documentos e investigaciones científicas, con el conocimiento a nuestro alcance, característica básica de la llamada Aldea Global en la que vivimos, cada vez hay más gente que ni se molesta en mirar más allá de sus narices, elaborando tesis sustentadas en meras intuiciones que unas veces nos arrancan una sonrisa y otras nos admiran por su arrogancia.

 

Al fin y al cabo, ya que el mundo sigue siendo, después de tantos siglos, un lugar dominado por el tiempo, la muerte y las pasiones, y ya que vivimos rodeados de comodidades que nos apoltronan y aletargan en el fango de los instintos primarios, es necesario que alguien nos aguijonee para hacernos vibrar en sintonía con el mundo que nos rodea. ¿Quién podría vivir sin esos adorables idiotas?

 

Autor : Lucy in the Sky



 

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Una Respuesta en “Ofuscados en describir una realidad desconocida .”

  1. Por Atenea - Jan 17, 2008 | Responder

    Los jóvenes de hoy leemos poco a los clasicos,este artículo filosófico me ha picado el gusanillo y la verdad te hace pensar y reflexionar sobre esta Aldea y los que habitamos en ella .Me gustaria que de vez en cuando gorbernaran en los pueblos alguna persona que tuviera la intuición e inteligencia suficiente para que todos pudieramos tener las vistas que tenia Poseidón desde su templo en el Cabo Sunio

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