El oro, una inversión rentable pese a la crisis
La compraventa de este metal preciado se mantiene estable en A Coruña a pesar a los problemas económicos. Este es un buen momento para hacer negocio por su constante revalorización, según reconoce el sector
Alianzas, dientes, viejas joyas de familia… cualquier objeto de oro sirve para hacer negocio en estos tiempos de crisis. Tanto en el comercio de pequeños objetos, como a mayor escala con lingotes o grandes piezas, este metal preciado es un activo altamente líquido -se puede convertir con rapidez en dinero- al que ya han recurrido muchos de los antiguos inversores del mercado inmobiliario. La actividad, sin embargo, evoluciona de forma equilibrada pese a la actual situación económica y las transacciones se mantienen constantes en los establecimientos coruñeses, tanto en los que marchan bien, como en los que tienen problemas
El comercio del oro resiste en el mercado coruñés. Es la conclusión que se extrae tras la visita a algunos de los establecimientos repartidos por el centro de la ciudad que se dedican a la compraventa de oro, plata, monedas y, en algunos casos, antigüedades. “Es un negocio estable, no hemos notado más actividad ni menos durante la crisis”, afirma Manuel Rivera, encargado, junto a María Jesús Rodríguez, del establecimiento La Milla de Oro. Con una opinión diferente se expresa Juan Carlos, también portavoz de uno de los locales de compraventa del centro: “Desde hace unos 2 o 3 meses hay muy poca actividad. Si estuviera en Madrid tendría una cola de gente esperando, pero en A Coruña no hay negocio”.
Para el sector, sin embargo, este es el momento más propicio para invertir. “El oro lleva ocho años subiendo y además está exento del IVA”, asegura Rivera. Oro Direct, la mayor empresa española dedicada a este negocio, destaca la estabilidad de su valor entre las fortalezas que posee como objeto de inversión. Se trata, además, de un metal escaso, es un activo altamente líquido -es rápidamente convertible a papel moneda- y tiene una correlación con el petróleo. A esto se añade que en las economías emergentes de países como China e India se está convirtiendo en un valor abierto a inversores privados y también que el rápido aumento de la población contribuye a la revalorización de los recursos más escasos, entre ellos el oro, la plata y otros metales.
“Muchos de los inversores que tenía la construcción ahora se están dirigiendo a la compra de oro y lo adquieren en lingotes”, asegura Manuel Rivera, y reconoce que la cotización del oro es fundamental para su trabajo: “estamos permanentemente pendientes de si sube o si baja para conocer el precio al que se paga”. A la hora de interesarse por la compra del metal es fundamental familiarizarse con esta actividad “porque podríamos perder dinero pagando más de lo que en realidad cuesta”, aunque matiza que, sea cual sea el precio, a la larga compensa, porque “el importe va a estar, seguramente, por debajo del precio que tenga esa misma cantidad de oro a final de año”.
Las pequeñas transacciones de objetos también ofrecen oportunidades para hacer negocio, sea en calidad de vendedor o de comprador. Muchas de las piezas que llegan a estos establecimientos son joyas en desuso y las alianzas se llevan la palma entre los principales elementos de intercambio. “Recibimos muchas, la gente se separa y ya se sabe. También vienen muchos dientes de oro”, comenta Rivera. “Como compradores, últimamente acuden jóvenes que compran sellos de oro, deben de estar de moda”, concluye María Jesús Rodríguez.
Las piezas no se pagan por peso, sino que hay una serie de condicionantes que influyen a la hora de hacer la tasación del objeto. “Depende del comprador que tengamos, de la antigüedad de la pieza, del estado de conservación, de si está grabada o no… son muchas cosas, el peso no lo es tanto”, confirma el responsable de La Milla de Oro. En el caso de las antigüedades, el precio aumentará si el comprador no sólo busca el valor intrínseco del metal, sino también que se trate de un objeto de época. En el caso de los relojes, en la tasación también se tiene en cuenta la marca de la maquinaria y si funciona a pilas o con cuerda. “La gente que compra estos relojes, casi siempre los quiere de cuerda”, aseguran.
Prácticamente ligado a las piezas de oro, van los diamantes. Según Rivera, “el tamaño más habitual es de 0,5 kilates, el más grande, de 7 kilates, se paga a unos 36.000 euros”. También en el caso de los brillantes el estado de conservación y la calidad son determinantes a la hora de poner un precio. “Si es una piedra antigua, puede tener incrustaciones que lo hacen menos puro, queda como oscurecido y el precio baja. Dos brillantes iguales tendrán diferente precio en función de estos factores. Uno de talla antigua puede ser hasta 10 veces más barato que uno moderno. El que tiene impurezas podría costar 1.000 euros, mientras que el otro llegará a los 5.000″, recalca.
Aunque la actividad conlleva algunos peligros, nunca los han intentado estafar y tampoco han sufrido robos. “A veces viene gente para que les digamos si las piezas que traen tienen algún valor”, comentan ambos encargados y afirman que tampoco han sido víctimas de atracos si bien, en cualquier caso, las medidas de seguridad son rigurosas. “Tenemos todo en cajas fuertes con retardo. Es decir, si las intentan abrir, se bloquean. Hay cámaras de seguridad, detectores de movimiento y puertas blindadas”, asegura Rivera.
En este local coruñés el negocio marcha bien, aunque reconocen que es impredecible saber cuánta gente acudirá y cuál será la cantidad de oro en la transacción. “En Navidades es posible que sí haya más ventas”, confirman, y añaden que muchas personas se deciden a adquirir los artículos que en otro momento de su vida no pudieron. “Hay gente mayor que ahora tiene dinero y compra lo que antes no pudo. Los jóvenes no compran tanto oro”, declara Rodríguez.
Entre los tabúes que giran en torno al negocio, se cuenta el hecho de que, en algunos casos, se venden piezas robadas. Aquí Manuel Rivera es tajante: “no tenemos piezas robadas porque identificamos a los vendedores. Al contrato se adjunta una fotocopia del DNI y fotografías de las joyas que compramos. Estamos supervisados por la policía y en caso de que sean objetos robados, tenemos que cubrirnos la espalda frente a la posibilidad de que nos requisen la pieza”.
En otros puntos de compraventa de la ciudad la crisis sí está afectando a la actividad de forma negativa. Juan Carlos, también en el negocio, asegura que para él “es imposible vivir sólo de esto porque no hay mucho trabajo”. En este sentido, asegura que “el negocio va siempre más o menos igual, aunque éste lleve funcionando muchos años. Esta semana, por ejemplo, no ha venido nadie y no he hecho compras”.
En general, la mala marcha del establecimiento es lo que hace que en otros locales de compraventa de la ciudad, los dependientes decidan no hablar de la actividad, lo que hace pensar que tal vez el comercio del oro tampoco sea la panacea de la salida a la crisis en materia de negocios.