Alonso quiere ganar en Ferrari
■Busca imponer un ciclo triunfal en Ferrari como el de Michael Schumacher
■Ha pedido a la escudería que incorpore técnicos de su confianza
Stefano Domenicali tranquilizaba a su pizzaiolo en la trattoria donde cena todas las semanas en Monza. En los últimos meses, el chico no paraba de preguntarle por el piloto asturiano: que cuándo llegaría a Ferrari, que le necesitaban, que ya era hora…. “Duerme tranquilo”, decía moderado el director de la escudería, sonrisa afable, paciente ante las críticas que ha recibido desde que se hizo cargo de la nave hace dos años.
Este ingeniero nacido en Ímola soportó con la pesada herencia de los cinco títulos mundiales con Michael Schumacher a los mandos y Jean Todt en el muro. Periodo imperial de dominio y respeto, victorias y coches infalibles. El retiro del alemán dio paso a un tiempo inestable. La Scuderia se hizo humana, con fallos, alegrías y lágrimas. Periodo salpicado con el milagroso título de Kimi Raikkonen en 2007 y el de constructores el pasado año, con Felipe Massa desposeído de la gloria en la última curva del Mundial.
La historia reciente de Fernando Alonso es conocida. Desde que enlazó sus dos coronas de campeón del mundo, le ha costado sonreír. Salió lanzado del bienio dorado de Renault hacia una escudería histórica, sólo un peldaño por detrás de Ferrari en brillantina y leyenda. McLaren, tierra de perfección metálica, casa victoriosa de Ayrton Senna. Firmó por tres años, como hizo después en su regreso a Renault (aunque sólo cumplirá dos) y como ha hecho con Maranello.
Entonces, su relación con Ferrari era distante, sobre todo tras pelear con Schumacher hasta la última carrera de 2006. Se sintió perseguido por extrañas decisiones de la FIA, casi siempre favorables a los intereses del equipo rosso. Cuando se bajó del coche en Interlagos, con el Mundial en el bolsillo, desatado y eufórico, a voces, tuvo palabras para su gran contrincante. Un mes antes, en Monza, los mismos tifosi que ahora le esperan ansiosos y que le convertirán en ídolo, le recibieron con pitos y gestos bruscos a través de la ventanilla de su coche, cuando entraba en el circuito tras haber sido sancionado el día anterior. Por entonces, Ferrari significaba algo muy distinto, el enemigo en la pista, un poder inmenso al que era complicado medirse. Enfrente estaba también Jean Todt, el gurú francés, que despechado por las calabazas que le dio el niño Alonso en 2001 –cuando Flavio Briatore fue el más rápido llevándoselo a su redil– le declaró odio eterno. “Conmigo aquí, Fernando Alonso nunca correrá para Ferrari”, ordenó el capo deportivo.
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