UNA MENTE BRILLANTE PARA UNA ERA DORADA

domingo 31 mayo 33663 Compartes

UNA MENTE BRILLANTE PARA UNA ERA DORADA

Se acerca el aniversario de la muerte de la reina Isabel I de Inglaterra en 1603 y para conmemorarlo, queremos hacer mención a varios datos curiosos de su reinado y vida.
Como ya sabemos, Isabel, era hija del rey Enrique VIII (el sanguinario cortacabezas) y de Ana Bolena (la gran puta), por lo que su vida no fue del todo fácil desde el principio. Nunca recibió gran atención por parte de su padre, y su madre fue ejecutada cuando Isabel tenía tan sólo 3 años, por lo que pasó a ser la hija bastarda olvidada del rey.
Pasó la mayor parte de su infancia viviendo de la caridad de las esposas de su padre, no disponía de una pensión para cubrir sus gastos, por lo que ella misma reutilizaba vestidos y cosía telas para hacerse nuevos. Aún así, dedicó toda su infancia a formarse intelectualmente, y según Robert Asham, uno de los tutores de la pequeña, su mente era extraordinaria, con una capacidad de aprender asombrosa y destacando especialmente en el área de ciencias, por lo que Isabel era un prodigio de la época. Historiadores actuales, posicionan a Isabel como una mujer con un coeficiente intelectual muy por encima de la media.
Respecto a su reinado, después de una infancia triste y turbulenta, sabemos varias cosas; Dedicó grandes sumas de dinero para la creación de escuelas y universidades gratuitas. Fomentó la escolarización de las niñas, que hasta entonces tenían prohibido ir a la escuela. Destinó parte de la fortuna de las arcas reales a la manutención de las familias pobres. Fomentó el mercado inglés enormemente.
Algunos datos correspondientes a contemporáneos de la época comentaban que la reina sufría de insomnio y que dedicaba las noches a leer y tratas asuntos de Estado. Era una obsesiva del orden y la limpieza, y ella misma se encargaba de ordenar sus aposentos. Tenía un exquisito sentido del humor y siempre estaba riendo. Tenía grandes traumas que le producían ataques de ansiedad muy a menudo. Le encantaban los dulces y como consecuencia de ello tenía la dentadura negra. En sus últimos años su cuerpo se llenó de dolorosas úlceras que le impedían apenas moverse, pero jamás se quejó ni mostró signos de debilidad.
El día de su muerte, comentan que los llantos del pueblo inglés se escuchaban desde el otro lado del mundo, contando con que una de sus damas se suicidó al no poder soportar la pérdida de su amada reina.


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