
AnatomÃa de una proeza
Escalador de raza, su triunfo se ha basado en su regularidad y en las cronos
Llegó con la idea de retirarse, pero su ambición fue creciendo junto a su forma
Su novia, Macarena, enseñó en Milán la factura del hotel donde estaba de vacaciones
“Honraré la carrera”, prometió Alberto Contador a la prensa italiana nada más pisar el aeropuerto de Palermo. Iba a comenzar, sin preaviso ni entrenamiento adecuado, un durÃsimo Giro de Italia. Entonces, en su mente ganaba fuerza la convicción de que no durarÃa ni una semana en esas carreteras por incapacidad para seguir el ritmo de competición que le impondrÃan.
Tres semanas después, Alberto Contador besa la copa en espiral que le acredita como ganador de la 91ª edición de la carrera italiana, un trofeo que sólo un español habÃa conquistado, dos veces: Miguel Indurain, en 1992 y 1993. Y lo ha hecho un poco al estilo del navarro, ganando tiempo en las cronos y defendiéndose con criterio e inteligencia en las ásperas ascensiones de los Dolomitas y los Alpes.
El equipo Astana habÃa sido invitado oficialmente, tras arduas negociaciones de la Federación Kazaja de Ciclismo que lo promueve, ocho dÃas antes de la salida de una contrarreloj por equipos que abrÃa la carrera en la capital siciliana. Los corredores estaban desparramados por varios continentes. Contador, de vacaciones en Cádiz, lo que algún corredor italiano no ha querido aceptar. Por eso, su novia Macarena enseñó en Milán la factura del hotel en el que apenas estuvieron instalados un dÃa y medio, tras la llamada urgente del director del equipo Astana, Johan Bruyneel.
Contrarreloj por equipos. Primer arañazo de tiempo, séptimo clasificado. Mejor que el Saunier Duval de Riccardo Riccò por medio minuto. Y sin el amigo y cómplice BenjamÃn Noval, que se quedó fuera de la alineación por una súbita enfermedad.
Los grandes favoritos -Riccò, Danilo Di Luca, Franco Pellizotti, Denis Menchov…- no fueron capaces de explotar la debilidad de Contador en esas etapas rápidas, escarpadas, peligrosas. VenÃa virgen de esfuerzo tras 20 dÃas de parón -por una pequeña operación dental- y un dÃa de vacaciones. Le dejaron crecer, porque fue más listo y ganó la partida de ajedrez.
Riccò vareó el árbol en la primera etapa en lÃnea, aprovechando el repecho de Agrigento. Recuperó de un plumazo el medio minuto perdido en la crono, diez en la carretera y 20 por la bonificación del ganador. Contador empezó a manejar con destreza su ordenador interior.
“Hoy he rozado mis lÃmites”, reconoció el escalador de Pinto cuando terminó la séptima etapa, primera llegada en alto a Pescocostanzo, un aperitivo de final en montaña. Pero salvó la situación, pues la alarma roja se le encendió en el último kilómetro y sólo cedió unos segundos, seis, a Riccò y Di Luca.
Si habÃa aguantado la primera semana, todo podÃa suceder. El objetivo era librarse de las caÃdas y seguir aumentando su forma a base de kilómetros. No le forzaron demasiado sus reservas fÃsicas, pero sà tocó el suelo al engancharse con su compañero Morabito, que habÃa venido urgentemente al Giro un dÃa antes para sustituir a Noval.
Aparentemente, Alberto Contador no se habÃa hecho nada grave, sólo las excoraciones rituales. De hecho, completó aquella octava etapa -segunda victoria de Riccò y otros 20 segundos de bonificación para el dÃscolo lÃder del Saunier Duval- en el grupo delantero, sin perder un metro ni un segundo.
Sin embargo, en el primer dÃa de descanso, lunes 19, se trasladó a una clÃnica y las radiografÃas mostraron una fisura en la cabeza del radio de su brazo izquierdo. Con un codo dañado, Alberto decidió continuar la aventura. Empezó a ver que podÃa cumplir su palabra de honrar la centenaria carrera italiana y, además, de ganarla.
El gran hachazo llegó al dÃa siguiente de la radiografÃa, en la contrarreloj de casi 40 kilómetros. Se le escapó la victoria parcial por ocho segundos ante Marzio Bruseghin, pero consiguó el colchón necesario para afrontar los últimos 10 dÃas de carrera: 38 segundos a Denis Menchov, 1:56 minutos a Riccò, siete segundos más a Di Luca… Empezaba el ‘Giro vero’, el verdadero Giro de los Dolomitas, este año más terrible que los anteriores por la inclusión de la Marmolada, por primera vez, en un final de etapa. Un trÃptico cruel que comenzó el sábado en Alpe de Pampeago, donde Contador, decimoquinto, cedió 36 segundos a Riccò (8º) y vivió su ecuador fundamental en la Marmolada.
“Al terminar la etapa de la Marmolada empecé a ver posibilidades de ganar el Giro”, explicó Contador este domingo en Milán. En esa mÃtica y devastadora ascensión, el escalador más competente de los aspirantes al triunfo final -el mejor en montaña, con mucho margen, ha sido Emanuele Sella-, sólo le quitó diez segundos. Y Contador subÃa al podio para recoger su primera maglia rosa. Era el decimotercer español en vestir la prenda en 91 ediciones del Giro.
El liderato le valió para salir el último en la cronoescalada al Plan de Corones -una mezcla de ciclismo de ruta y ‘mountain bike’ con porcentajes del 20 al 24% en algunas zonas sin asfaltar- y aumentar su ventaja sobre todos los grandes rivales.
En el segundo dÃa de descanso, tras esa crono ‘asesina’, Contador poseÃa la maglia rosa con ventajas de 41 segundos sobre Riccò; 1:21 a Gilberto Simoni, dos minutos a Marzio Bruseghin, 2:05 a Pellizotti, 2:18 a Di Luca y 2:47 a Menchov. Pero aún quedaban kilómetros cuesta arriba, muy cuesta arriba, hasta llegar a la crono salvadora de Milán.
El verdadero lÃmite de Contador se escenificó en las rampas del Monte Pora, el viernes pasado, cuando la ofensiva de Danilo Di Luca y sus compañeros de equipo, sumada a la de Riccò, le dejaron al borde del abismo. Pero Contador, a quien se le reconoció por primera vez un error estratégico (responder al increÃble Hulk Sella, vestido de verde, le dejó fundido), supo guardar con sufrimiento extremo su maglia. Aunque el margen de su maglia rosa se habÃa jibarizado: Riccò se colocaba a cuatro segundos y Di Lucca a 21. Con el Gavia, el Mortirolo y Aprica esperando en la etapa del sábado.
En este Giro, exhibiciones como la de Di Luca y las continuas andanadas de Riccò se han pagado a alto precio. Seguro, por la presencia de un lÃder sólido y calculador, que mostró su mejor cara en el Mortirolo mientas Di Luca se hundÃa y Riccò no podÃa -ni lo intentaba- sacarle un metro de ventaja. La llegada a la meta de Tirano en rosa era el preludio de la fiesta de Milán. En la contrarreloj, Contador no tenÃa nada que temer a Riccò.
El cuento continúa. Las vacaciones de Contador empiezan de nuevo sin temor a que el Tour rectifique. Ni aunque lo hiciera. En verano, ‘el milagro de Pinto’ volverá a intentar locuras gloriosas en los Juegos OlÃmpicos y, sobre todo, en la Vuelta a España. Ya no tiene ningún miedo al Angliru. Los ha visto peores.
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