JENSON BUTTON GANA SU PRIMER MUNDIAL
■El discreto sprint final de temporada ha empañado su gran logro
■Fue considerado en el estreno del siglo como el gran icono del momento en la F1
■Su novia, Jessica Michibata, sólo se ha perdido la decisiva carrera en Brasil
No hay mejor receta para combatir la crisis que olvidarte de la amenaza del paro ganando un Mundial de Fórmula 1. A Jenson Button (Frome, Inglaterra, 1980) su explosión le ha cogido casi desprevenido, cuando su momento parecía ya superado. Hace tiempo que el ‘chico de oro’ perdió el brillo por el asfalto de los circuitos. Su desbordante aureola de glamour y clase en el arranque del siglo, para regocijo del gran jefe Bernie Ecclestone, ha tardado diez años en dar sus frutos. El que fuera considerado ‘Beckham’ de la F1 ya es el nuevo rey. Y, como no, también tiene a su ‘Victoria’, Jessica Michibata. Otra gran alegría para una graduación final que ni siquiera él, a pesar de su empeño con un gris sprint final, ha logrado dinamitar. [Sus mejores imágenes]
Jenson Button, como tantas veces reza el tópico, lleva en la sangre la pasión por la velocidad. Su padre, John, fue piloto de Rallycross y siempre apareció como su ídolo de la infancia. Un referente en sus primeros giros sobre el asfalto, con el que siempre ha tenido una química especial. Inicios con ocho años en los karts y nombrado ‘British Cadet Kart Championship’, algo así como la mayor promesa británica del momento, tras ganar las 34 carreras disputadas ese año. Una cadena de logros que le llevarían a ser el más joven en el europeo ‘Super A’ (1997), la Fórmula 3 Británica y, finalmente, el reconocimiento de McLaren, con el galardón ‘Young Driver’ en 1999.
Un camino que no tuvo más remedio que desembocar en la Fórmula 1. Con sólo 20 años, fue considerado como la mayor estrella emergente del momento. Un cóctel de elegancia, glamour y destreza al volante, destinado a convertirse en la gran estrella del ‘Gran Circo’. Para entonces, Flavio Briatore ya le había echado el ojo y casi el lazo. Su primera toma de contacto fue con un Williams (2000), en compañía del alemán Ralf Schumacher. Un año de aclimatación con 12 puntos de recompensa. Sus dos años en Renault, con Fernando Alonso como probador en 2002, le valieron el salto definitivo y un megacontrato con BAR-Honda, que pensó en él como la guinda perfecta para discutir la hegemonía de Michael Schumacher.
Aunque en la escudería británica, la ambición no era deportiva. El objetivo era convertir a Button en un icono mundial, al más puro estilo de su compatriota David Beckham. Su pasión por la moda, ya le había valido hace tiempo para ser considerado el más elegante del ‘paddock’ y su único punto flaco parecía su lengua. Sus manifestaciones públicas nunca eran acertadas y su nuevo equipo le puso en las exitosas manos de Simon Fuller, uno de los mejores asesores del momento. Excesiva preocupación por la imagen que pudo desviar sus preocupaciones deportivas.
El sueño de alcanzar el título quedó en nada, porque las sombras de Michael Schumacher, primero, y Fernando Alonso, en su bienio mágico, fueron siempre demasiado alargadas. Su mejor temporada hasta hoy, la de 2004, sólo le valió para quedar tercero. Aunque su primera victoria tendría que esperar dos años. Sería en el GP de Hungría de 2006. Dicen que gran parte de culpa de su ‘dispersión’ deportiva también la tuvo Louisse Griffiths, estrella del pop británico del momento, con la que compartió cuatro años de noviazgo y anuló su boda en 2005, dos meses antes de la fecha. Una de las mejores noticias para sus miles de fans, pero un duro golpe para su corazón y, sobre todo, su cabeza.
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