Un estudio publicado en “Science” asegura que podrÃa frenar una corriente de aire que circula alrededor de la Tierra y afectar a las temperaturas cerca del Polo Sur.
(Europa Press) Si el agujero de la capa de ozono tiene efectos perjudiciales en la salud del planeta, su recuperación también puede desencadenar en una serie de cambios climáticos inesperados, según los datos que aporta un estudio dirigido por la Universidad de Columbia en Nueva York (Estados Unidos) y que se publica en la revista Science.
A medida que la capa de ozono estratosférica de la Tierra continúa recuperándose, de aquà al año 2050, esto podrÃa provocar cambios bruscos e inesperados en el hemisferio sur del planeta. Esto se debe a que la restauración del ozono podrÃa poner freno a la corriente de viento de movimiento rápido, al menos durante el verano, en su circulación alrededor de la Tierra.
El descubrimiento, realizado por un equipo internacional de cientÃficos, va contra los datos que recoge el cuarto informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (PICC), que asegura que la lucha contra este fenómeno debe pasar, entre otras muchas cosas, por la recuperación de esta capa que protege a la Tierra.
Aumento de temperaturas
Los cientÃficos se han basado para su trabajo en las predicciones más recientes de los modelos utilizados en una práctica de validación del modelo clima-quÃmica (CCMVal, según sus siglas en inglés).
Los resultados muestran cómo la recuperación del ozono estratosférico podrÃa ralentizar una importante corriente en el chorro occidental cercana a la superficie de la Tierra debido a un calentamiento de la estratosfera inferior y la troposfera superior, lo que afectarÃa al viento y a los patrones de presión.
A medida que la corriente de chorro subtropical se ralentizase cerca del Polo Sur, también podrÃa intensificarse más cerca del Ecuador. En el hemisferio sur, este cambio podrÃa afectar a las temperaturas de la superficie del mar, al hielo del mar, a los recorridos de las tormentas, la localización de las regiones áridas, la fuerza de los patrones de circulación oceánicos dirigidos por el viento y los intercambios naturales de dióxido de carbono. Según los investigadores, comprender cambios como estos será esencial para mejorar las predicciones climáticas
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