Joaquín Sabina presenta su nuevo disco y su gira de despedida
‘Vinagre y rosas’ es un álbum sobre el desamor escrito junto a Benjamín Prado.
El músico anuncia que deja los escenarios con un ‘tour’ que durará año y medio.
Hay un conjuro de la edad que, cuando ésta enseña su metal dañado, requiere doble dosis de Micebrina para que todo se aplaque. En el caso de Sabina, ese estímulo llega desde el calambre de un puñado de canciones y de cómo suena la suela de tafilete cuando roza el asfalto de las carreteras. Tras una invocación de cuatro años, muchos poemas leídos, demasiados insomnios masticados, arrobas de silencio y con un escogido grupo de amigos siempre cerca, el de Jaén ha vuelto a su antídoto contra la pereza: un disco que reúne 13 temas inéditos con un título de contrastes: ‘Vinagre y rosas’, que sale a la venta el próximo 17 de noviembre.
La mayor parte de los temas fueron compuestos o rematados durante ocho días de complicidad y algún exceso suelto en Praga, donde viajó con el escritor Benjamín Prado para poner en orden versos sueltos. «Ha sido un trabajo a cuatro manos, algo que en principio ambos pensamos que era imposible. Al final salió bien. Y aquí estamos. No sé si es un buen disco o no. Tardaré al menos tres o cuatro años en darme cuenta, en saber si me avergüenzo de todo esto», dice en un palomar de la calle Atocha, donde lleva más de 12 horas entre periodistas, con más instinto profesional que entusiasmo.
Y Sabina vuelve también a la carretera, como un Kerouac de Tirso de Molina. Kilómetros y pabellones, furgoneta y plazas de toros. De gira durante un año y medio. Empezará en Salamanca el próximo 20 de noviembre, hará parada en Madrid el 15 de diciembre y pasará por Argentina, por México, por Perú… «’On the rock again’. Las cosas las hago con un altísimo grado de inconsciencia, porque mi estado natural es quedarme en la cama, en mi rinconcito. O sea, instalarme en la pereza. Y me obligo, no por necesidades personales ni de mercado, sino porque creo (con algo de instinto judeocristiano), que hay que devolverle al público lo que te da y ganarse las habichuelas con el sudor de la frente. Aunque si pienso en serio que me voy a tirar año y medio de gira por grandes escenarios me entra un pánico atroz, me despierto a las cuatro de la mañana sudando porque sueño que estoy en bolas ahí arriba y no me sé las letras. Esa inconsciencia es la que hace que hagas las cosas».
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