Quizás no tendrán un humor tan fino como KITT, pero tampoco se revelarán contra nosotros. Son los vehÃculos automáticos, y pronto los veremos en nuestras calles, mares, y cielos.
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Muchos hemos crecido con “El coche fantástico” y hemos soñado un futuro en el que los vehÃculos nos llevarÃan a todas partes con sólo decirles nuestra destinación. De hecho, se siguen mostrando este tipo de vehÃculos en pelÃculas de ciencia ficción como “Minority Report” o “Yo, Robot”.
Y no es de extrañar, ya que las tecnologÃas de automatización aplicadas a todo tipo de vehÃculos de transporte están evolucionando a pasos agigantados, y nos estamos sorprendiendo al ver ya las primeras aplicaciones de automatización en vehÃculos comerciales. Veamos el estado de esta tecnologÃa.
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Por tierra
La tecnologÃa más visible para el ciudadano de a pie es la que afecta a los vehÃculos de cuatro ruedas. En el último Consumer Electronics Show de Las Vegas ya se pudo ver la última evolución del “coche automático”, un proyecto iniciado como concurso por la agencia estatal estadounidense DARPA.
Se trata básicamente de un todoterreno equipado por una enorme baterÃa de sensores y actuadores que le permite desplazarse siguiendo un circuito mientras va evitando todos los obstáculos que salen a su paso.
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Y es que precisamente moverse en un circuito cerrado o con tráfico controlado lo saben hacer a la perfección. El problema surge cuando estos vehÃculos tienen que convivir con otros que no están controlados por ordenador.
La circulación por carretera (y más aún en ciudad) es un caos controlado en el que hay cientos de factores que deben ser controlados por el “cerebro” del coche automático, incluyendo la impredecible conducta humana, que puede desembocar en que el coche de delante se cambie de carril sin motivo ni aviso previo, o un frenazo brusco inesperado.
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Además, la red viaria actual no tiene suficiente calidad como para que un vehÃculo pueda detectar los carriles con la suficiente seguridad, ni para incorporarse de una carretera a otra, etc. Para ello, todas las vÃas deberÃan equiparse con un sistema que pudiera ser detectado y procesado a la perfección por los sensores del vehÃculo, transformando las carreteras en “vÃas sin rail”. Esto es, por el momento, prohibitivo.
Por el momento tenemos que conformarnos con aplicaciones muy controladas, como el sistema de aparcamiento automático que ya está siendo incorporado en algunos modelos (mucho más sencillo para un sistema automático, con dos obstáculos fijos), o el sistema de autobuses para transporte de pasajeros del aeropuerto de Heathrow, Londres, que pronto entrará en fase de pruebas.
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Por mar
Si las carreteras son impredecibles, el mar no lo es menos. Las corrientes, los vientos, y presencia de barcos no etiquetados por los sistemas informáticos de abordo, hacen que los navÃos deban estar siempre bajo supervisión humana.
A pesar de que los sistemas de navegación GPS, los sonar de profundidad, y resto de sensores, han conseguido que las travesÃas se hagan de manera casi automática, el último paso para prescindir de la supervisión humana es demasiado grande.
Por el momento, y a semenjanza de los sistemas para vehÃculos de cuatro ruedas, la automatización se limita a sistemas de amarraje como QuaySailor, instalado en el puerto inglés de Dover, que permite a los grandes cargueros amarrar de manera segura y automática.
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Por aire
Dice el chiste que la tripulación de los aviones del futuro estará compuesta por un hombre y un perro. El hombre para darle de comer al perro, y el perro para morder al hombre si intenta tocar algún botón.
Quizás sea una exageración, pero cada dÃa estamos más cerca de los aviones totalmente automáticos. Desde ya hace algún tiempo, los sistemas de aterrizaje por instrumentos 0-0 permiten que el ordenador de abordo, previamente programado, realice la aproximación y la toma a los aeropuertos preparados para estos sistemas.
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El vuelo instrumental, por el que se rigen la práctica totalidad de aeronaves de lÃneas aéreas (exceptuando algunas aproximaciones, que se efectuan en reglas de vuelo visual si lo permite control aéreo y lo solicita el piloto), sigue unas reglas muy rÃgidas que pueden ser entendidas y ejecutadas por sistemas automáticos. Además, la paulatina computerización de los sistemas de vuelo hacen que el pilotaje cada vez más sea más parecido a la gestión de sistemas informáticos que a la pericia clásica del piloto.
Es posible que poca gente se atreva a subirse a un avión sin piloto, pero aunque no sea viable comercialmente, sà que lo será tecnológicamente.
Y más allá
Pero si hay un sector en el que sepan de transportes automáticos, ese es el espacial. Desde los inicios de la industria, todas las naves han tenido control automático, con instrucciones y trayectorias pre-programadas.
De hecho la inclusión de controles manuales ha sido propiciada por la necesidad de darles “algo que hacer” a los astronautas cuando están en órbita, dado que todas las acciones pueden ser realizadas por los sistemas de abordo.
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La última novedad en sistemas de transporte automático viene de Europa, y se llama ATV, o Automated Transfer Vehicle. Esta nave es capaz, una vez puesta en órbita baja (LEO), de ir al encuentro de la Estación Espacial Internacional y acoplarse automáticamente.
Además, cuenta con sistemas redundantes y procedimientos de emergencia para una gran variedad de situaciones.
No será rápido ni barato, pero seguramente en pocos años veremos una gran variedad de vehÃculos automáticos que se irán haciendo un lugar en nuestro dÃa a dÃa.
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